De Paso ando
- 26 ene
- 3 Min. de lectura

El regreso es inminente, pero el crecimiento era pertinente y necesario.
Después de algún tiempo de grandes cambios y trabajo personal, regreso a este espacio que cree en un avión en el 2018, y en otro avión en el 2026 lo retomo.
Siempre me ha llamado la atención la diferencia que existe entre hacer algo por costumbre o la percepción superficial de sus verdaderos beneficios, y de hacerlo con intención y un propósito claro. Esta inquietud se hizo muy latente cuando terminé la secundaria y empezaron las grandes preguntas sobre mi identidad, quien soy y hacia donde voy. Me cuestionaba sobre lo que me gustaba, sobre lo que valoraba, sobre lo que quería hacer con mi tiempo y mi vida. Un día me di cuenta de que todos estamos en este proceso, pero que no viene solo con los años, surge de intención, de explorar, de conocer, de reflexionar, de poner en perspectiva y de tomar acción.
Conversar, hacer preguntas y escribir han sido una constante en mi vida. Tengo múltiples recuerdos. Recuerdo llenar cuadernos completos con letras inventadas cuando no sabía escribir. Cuando me llevaban a una juguetería, terminaba en la estación de lapiceros y cuadernos. Desde temprana edad, entendí que mi lugar favorito en la juguetería era el área de deportes y los papeles. Sí, jugué con Barbies, pero a los 10 años después que mi abuela me compró la última, me empezaron a perturbar un poco todas esas caras inertes en un escaparate. Mi lugar preferido para ir a comprar y cumplir mis deseos terminó siendo la librería, papelerías, mercerías, en especial a aquella a la que mi mamá me llevaba a comprar los útiles escolares cada año. Todavía conservo y utilizo mi estuche en los que tengo mis colores que también aún conservo. Colorear en esta etapa de mi vida no es una sorpresa en lo absoluto.
¿Qué le pasó a esa niña? Creció, así mismo crecieron sus inseguridades y la manera en que todo eso limitaba su expresión y la búsqueda activa de seguir creando y nutriendo esas inclinaciones que muchas veces ella pensó que eran excluyentes a su entorno. En sus años de estudios primarios y secundarios, el año se llenaba de competencias, de comparaciones donde percibía la marcada y distinta valoración de los talentos y habilidades de los niños y adolescentes. No fracasar se convirtió en su gran temor, que no la permitió disfrutar tanto de la adquisición del conocimiento, que es un privilegio y un placer en sí mismo. Las “buenas” notas se volvieron su norte. Y sobre su aspecto físico, imagínense una niña sin herramientas para identificar y navegar la discriminación por no parecerse a las chicas de las revistas.
¿Dónde está esa niña ahora? Ha tenido la dicha y el privilegio de seguir creciendo, de ir dejando en el camino aquello que puso en su maleta que no le servían. Se ha expuesto a dos procesos de migración en 6 años y estar fuera del contexto en el que creció. Ahora vive en un mundo más grande, uno que viaja con ella, donde la incomodidad y los desafíos a los que se ha expuesto la han ayudado a construir. Uno en el que no tiene que tener todas las respuestas, donde su identidad es más que uno o dos de las aristas de su vida, uno en el que escribe con mayor libertad sin temor a perderse en su cabeza, sus pensamientos, en una o muchas páginas. En cuanto a su aspecto físico, se tira más fotos que las chicas de la revista, y amar su pelo y su cuerpo, su conquista.
El concepto de De Paso siempre ha sido una crítica o reflexión constructiva sobre experiencias de mi propia vida o de los que me rodean. Aquellas cosas que nos llaman y nos invitan a pensar en nuestro Paso por la vida. Es su esencia, pero como yo no soy la misma aunque si en esencia, seguiré escribiendo reflexiones sobre la vida cotidiana, temas sociales de actualidad, mientras expando mi propia visión junto a ustedes. Quiero que esta sea un estímulo mutuo para hacer una pausa, disfrutar del placer y la capacidad de pensar e interactuar con ideas y pensamientos.
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Gloria a Dios por todo.





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